El supresor de picos está activo y el sistema de puesta a tierra está instalado. Todo en aparente calma. Pero el electrodo al que ese supresor manda las sobretensiones y transitorios es una varilla de cobre que se enterró en el 2020 y que nadie volvió a medir desde entonces. Si su resistencia se disparó por corrosión o por suelo seco, la protección es teatro: realmente no tiene a dónde drenar.
La tierra física es el eslabón más silencioso de la cadena eléctrica. No hace ruido, no tiene un foco que avise, y por eso se mide una vez —en la instalación— y no se vuelve a tocar. El problema es que no es un valor fijo: cambia con la humedad del suelo, con la corrosión de los electrodos y con cada conexión que alguien afloja o corta sin avisar.
Qué hace realmente la tierra física
Tres cosas, y las tres importan:
- Da camino a las sobretensiones. Un supresor (SPD) o un pararrayos solo sirven si la corriente que desvían encuentra una tierra de baja impedancia. Con una tierra alta, la energía se queda buscando salida por donde no debe: tu equipo.
- Fija el potencial de referencia. La electrónica y las comunicaciones asumen un "cero" común. Una tierra deficiente hace que ese cero flote entre equipos, y aparecen errores de datos y de enlace difíciles de rastrear.
- Protege a las personas. Ante una falla, la tierra es lo que evita que un chasis quede energizado.
Cómo se mide (y por qué se degrada)
Se mide la resistencia de puesta a tierra con un telurómetro, ya sea por el método de caída de potencial (tres picas) o con pinza en sistemas ya interconectados. El objetivo habitual de la industria para electrónica sensible y telecomunicaciones es menor a 5 ohms; la NOM-001-SEDE (como el NEC) tolera hasta cerca de 25 ohms para instalaciones generales, pero para equipo crítico se busca lo más bajo razonablemente posible. La misma varilla puede medir bien en temporada de lluvias y mal en secas: por eso una sola medición no dice nada permanente.
Cómo se baja una tierra alta
Cuando la medición sale alta, la reacción instintiva —clavar otra varilla— casi nunca alcanza: en suelo de alta resistividad los rendimientos son decrecientes y el problema es el terreno, no la cantidad de electrodos. Hay tres palancas que sí mueven la aguja:
- Electrodos avanzados (químicos o activos): mantienen una resistencia baja y estable en el tiempo, incluso en suelos difíciles donde una varilla desnuda se degrada rápido.
- Compuestos mejoradores de suelo: rellenos conductivos alrededor del electrodo que reducen la resistividad del terreno inmediato y no se lavan con la lluvia.
- Conexiones exotérmicas: uniones fundidas, permanentes y de baja resistencia que no se aflojan ni se corroen como las atornilladas — eliminan el punto de falla más común de un sistema de tierras: la conexión floja.
Es el tipo de soluciones que integramos con marcas como Total Ground para llevar una tierra fuera de norma a un valor bajo y —sobre todo— que se mantenga ahí con el tiempo.
Cuándo medirla
Al instalar, sí —pero también de forma periódica (una vez al año es una referencia sensata), después de cualquier trabajo eléctrico que toque el sistema de tierras, y siempre que un SPD haya operado o que veas fallas o errores intermitentes sin causa clara. Es parte de la misma disciplina que aplica a toda la cadena eléctrica que sostiene tu uptime: se audita probando, no asumiendo.
Así que la pregunta del título es en serio: ¿cuándo fue la última vez que mediste tu tierra física? Si la respuesta es "cuando se instaló" o "no sé", tu protección contra sobretensiones podría llevar años sin funcionar de verdad, y no lo sabrías hasta el rayo que te cueste el equipo.